Un hotel repleto de marcianos Todavía parte fundamental de Los Abuelos de la Nada, Calamaro se encerró en los estudios Panda sin intenciones de desarrollar una carrera solista. "Es solo un disco, lo mío es Los Abuelos", repetía la por entonces promesa del rock nacional. Charly García, Fito Páez, Pablo Guyot, Willy Iturri, Alfredo Toth, David Lebón, Gustavo Bazterrica, Gringui Herrera, el mismo Fabio Zerpa, Carlos García López, Pipo Cipolatti, Daniel Melingo, Fernando "Pino" Marrone y Cachorro López, entre otros, participaron de este debut que pasó más inadvertido de lo que los productores del álbum imaginaban, pero que marcó, veinte años atrás, el primer mojón de uno de los músicos más influyentes de toda una generación. Si bien en los últimos años el músico le restó importancia a este disco iniciático (probablemente porque el responsable de la producción había sido su enemigo público Charly García), allí se registraron algunas canciones que vale la pena recordar, entre las que se encuentran "No me pidas que no sea un inconsciente", "Radio actividad radial", "Detenida" y "Amor iraní". Sobre este último tema y acerca de la diversión en el rock, Calamaro decía el 2 de agosto de 1984: "Está hecha con sentido del humor, pero con ironía. No por ser divertido estoy desconectado de la realidad. Soy de la idea de que seguimos viviendo parados arriba de una dinamita constante. Hay una función que yo estoy cumpliendo comprometida con el país y es la de crear en libertad. Y eso me parece importante. Se habla de la crisis y se usa como una cosa cotidiana. Democracia es la palabra de moda y con eso no se puede jugar". Aquella obra de George Orwell ha sido analizada en mil y un capítulos de mil y un ensayos. Uno de ellos dice: "Lo más importante de la historia es el motivo que mueve al protagonista a rebelarse, que no es otro que las ganas de tener sexo con alguien". Explicación mucho más humana que nos acerca a este chico más que sus deseos de libertad o lo que sea, y nos obliga a reflexionar sobre las múltiples tonterías que pueden cometerse bajo la influencia de esa pulsión". Una teoría que une, una vez más, las vidas del personaje Winston Smith y del músico de 22 años que, en 1984 (el año, no el libro), pensaba más en cómo convencer a las chicas para llevarlas a su cama, que en buscar un lugar en el Panteón de los Solistas del Rock Nacional. Sebastián Ramos
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