Ahora hay luz, pero antes, sépanlo, no había nada ni siquiera parecido. Ni de la real ni de la metafórica, nada, apagón, negrura, eso. ¿Cuándo antes? Durante El salmón, y también después, mientras los casetes y después los compacts se iban llenando de unas canciones –diez, cien, mil canciones, quién sabe– de aspereza extraordinaria; apenas antes de esa vuelta a España en la que, tras un prologado período de descanso, con integridad de artesano terminó por alumbrar a El cantante. Entre la luz de ahora y la oscuridad de antes hubo básicamente silencio, uno de esos que no se toleran –porque dicen mucho más de lo que se espera de un silencio–, de esos que se escuchan más alto que muchas –diez, cien, mil– discografías completas de rock nacional.
Habíamos estado aquí durante the Dark Ages, cuando las cortinas estaban cerradas, nadie se cebaba un puto mate, man, y entrabas de día y te ibas bien de noche pero estabas, todo el tiempo, convencido de que había sido al revés la cosa. La tele apagada, la computadora desenchufada, las luces bajas, de posición, casi, y una actividad feroz en la escalera que lleva a un pequeño cuartito al final del entrepiso, que solía hacer las veces de estudio de grabación y había sido bautizado Deep Camboya. Entonces ese cuartito estaba lleno de cables y equipos y los indispensables libros y revistas con letras y acordes de canciones, y de sus paredes colgaban posters de todo tipo, del Rat Pack de Sinatra, de todos los buenos muchachos del palo. Ahora está sorprendentemente vacío, y con la pintura de las paredes descascarada por el trajín de una obra ajena, al otro lado de la medianera.
Aún haciendo gala de una cierta frivolidad, hay que decir que no fueron aquellas las veladas más simpáticas posibles, que la rigidez general tenía que estar atormentando al poeta fértil -entonces más fértil que nunca, es justo aclararlo-, y que si bien cada uno vive la vida como mierda quiere, con o sin mate, con o sin Ronaldo en la tele, este generoso Andrés que ahora dice que se dejó la barba porque eso le da un look "más bersuitero" da emoción y admiración, directamente, y eso no lo vamos a andar disimulando. Dicho esto, llega el momento de una aclaración con la mirada puesta en el altar de la imparcialidad periodística: no somos imparciales. Ya está, lo dijimos, ahora no nos rompan las pelotas. No es esta una entrevista dirigida por periodistas en serio, de esos que preguntan por los hijos o por la familia o por el infierno de la droga. Simplemente una charla de amigos y de música con un tipo que nos toca el corazón como pocos, y que, como confesó alguna vez, "cuando dije que tenía que sacar un disco quíntuple porque así Dylan se iba a enterar, era un loco... ¡pero un loco trabajando!" Y nos sacamos el sombrero por eso.
Durante el que hemos de llamar "Termo Uno" -cuyo contenido se convirtió en infusión durante una tarde muy calurosa de febrero, vertido en envidiable mate de cuero y metal, algo s&m, quizás, pero muy elegante, y cebado con yerba uruguaya, o la argentinidad sin palo- la conversación girará en torno a la vuelta de El Salmón (o El Cantante, ésta vez con mayúsculas y sin cursiva) y a la idea misma de regreso y sus posibles refutaciones. La charla, escuchada días después, tiene un rendimiento inversamente proporcional al del mate: en lugar de ese enardecido vigor inicial y el lógico proceso de degradación posterior, la cosa empieza tibia, diríase lavada, con Andrés retomando la rutina de dar reportajes sin terminar de sentirse cómodo en ese papel.
Pero la entrevista empieza a parecerse a una charla en el momento en que la primera ronda de mate ya va aflojando y, antes de pasar a hablar del glorioso show de Cosquín (ah, en caso de que alguien todavía no lo haya escuchado, se puede bajar de www.camisetasparatodos.com), de sexo, de drogas, del porrito y su sonado juicio, de la Bersuit, los Redondos, la libertad, la locura linda y el rock and roll, la explicación que tiene que llegar finalmente llega, casi como una advertencia, como un warning que detalla las reglas de juego actuales: "Estadio Azteca es el último fogonazo del profesionalismo, es lo último que hice parecido a la promoción de un disco, antes de eso no quise hacer nada y después de eso tampoco. Con El cantante aprendí que hacer un disco y no hacer la promoción a este nivel es al pedo. Entonces, antes de salir a laburar quiero estar totalmente convencido de lo que quiero hacer. No quiero estar yendo a Chile a la conferencia de Juanes... a interrumpirla. No quiero estar ahí y decir: "Ahora me quiero ir". En ese sentido no tengo mucha vanidad musical; un poco de orgullo me puede quedar, pero no tengo vanidad musical".
TERMO UNO: RESCATE EN TWINGO
¿Qué te pasó al día siguiente del show en Cosquín? ¿Te dan ganas de salir a tocar de vuelta o no?
Quiero disfrutar de este gran alivio que siento ahora. La falta de compromiso es el paraíso. La verdad es que este es el regreso con la Bersuit, y me gustaría decidir juntos que más queremos hacer. Yo solo no consigo aclararme ni decidir nada.
¿Podés dormir al terminar un show, un show como ese?
No tengo mucha facilidad para dormir. Pero dormir temprano, nunca; de este gremio no es costumbre...
Vos venías diciendo, antes del show, "como artista casi estoy retirado, esto no es lo mío". Así como pasás un láser y te cambia el ADN, ¿de qué manera un show como el que diste que te hace decir algo como "gracias a ustedes puedo seguir viviendo de la música"?
Yo tengo que reconocer que la emoción de mis compañeros y de la gente es verdadera, y tengo que aprender a considerar la mía y que sea importante. Lo ideal sería tomar Cosquín como el inicio de una serie y hacer algunos más, pero ya me voy a decidir un día de estos, ¿no? Me voy a encontrar con Cordera y con los chicos. No sé si hay realmente muchas cosas que yo quisiera hacer o son unas pocas. O si no hay ninguna, la verdad no lo sé. Sucede que yo no lo veo como un regreso, sino como la aventura con los chicos, el encuentro con la amistad de la Bersuit. Eso fue lo mejor de todo; ya poder hacerlo en público, como la otra noche, fue milagroso, como un parto. Pero creo que en un par de días lo vamos a extrañar y vamos a estar haciendo planes.
¿Tu vuelta a Buenos Aires, a fines de 2004, se parece a una nueva etapa? ¿Te gusta plantearlo así?
No, no me lo había planteado así. En el viaje, cuando venía, conocí un tipo, Bruce. Nos hicimos amigos en el vuelo; nos dimos cuenta de que el destino nos había sentado uno al lado del otro y que tal vez éramos las dos únicas personas en el avión que no sabían qué era lo que estaban haciendo ahí, ni qué iban a hacer en Buenos Aires, ni qué plan tenían. Por el momento los dos seguimos acá, y yo creo que no tenía mucha confianza cuando vine. Realmente para mí lo más profundo fue encontrarme con colegas y amigos, además del atrevimiento de Gustavo Cordera, capaz de derribar cualquier voluntad..
¿Cómo fue el encuentro con Cordera?
Me pasó a buscar con el Twingo.
¿Tiene un Twingo? Es un auto parecido a él.
Me pasó a buscar con el coche, me fijé en el coche. No fuimos directamente al ensayo, paramos en una parrillita, hacía tiempo que no nos veíamos, desde el 98 y tal vez Gustavo pensaba que tal vez yo necesitaba que alguien me dé de comer.
Te cachó a ver cuánto llevabas encima...
Fue extraordinario, llegamos al ensayo y nos volvimos a encontrar con los chicos y Gustavo ya tenía planeado el siguiente paso, el primero...
Ah, era un hombre con plan.
Yo creo que lo fue haciendo durante el viaje.
Bueno, lo hizo rápido...
Sí, sí, yo creo que no tiene dificultad para hacer las cosas, ni para decirlas. Realmente es un hombre con unas ganas de vivir extraordinarias, con una familia preciosa. Y nos vino a anunciar que en el último concierto del año, el que iban a filmar en Mendoza, íbamos a tocar dos canciones del disco ahí en el medio del concierto, que iban a ser La libertad y Estadio Azteca. Lo soltó ahí en el ensayo y no nos dio tiempo a pensar si era una buena idea o no. Después dijo que nos teníamos que ir todos juntos en micro por tierra, por la aventura y para pasar más tiempo juntos. Si había algo que yo jamás había pensado era subirme a un micro para ir a Mendoza, ponerme el pijama y cantar La libertad, pero bueno, nos convencimos, parece. Y cuando terminábamos de tocar ya éramos más hermanos que antes, como dicen los Cadillacs. Y Gustavo ya quería pasar a lo siguiente, que era convertir al grupo en la banda que va a tocar conmigo. Nos enteramos, a los dos días, en la sala de ensayo. Creo que tengo mucha suerte de tener compañeros así y voy a seguir en esa dinámica. La verdad que creo que queremos que seguir tocando juntos más conciertos, los míos o los de ellos. Porque también me gustaría ensayar los temas de la Bersuit.
En Gesell, después de tus temas, volviste al escenario a sumarte en los temas de ellos.
Sí, pero también me gustaría ensayar con ellos esos otros temas y poder...
...corresponder.
Yo siempre estoy poniendo trabas para todo, lamento ser tan maniático. Es una especie de liderazgo depresivo y anárquico. Pero no se puede conocer la gratitud sin haber sido generoso primero.
Me da la impresión de que fue cambiando la perspectiva que tenías de volver a Buenos Aires, quizás por eso de empezar a sentir el afecto de la gente, los músicos. ¿Lo esperabas? ¿Fue una sorpresa?
Yo no me considero tan bueno, yo no creo que esas canciones sean tan buenas, pero no me queda otra que respetar y agradecer la emoción de los demás. Yo creo que mi disco preferido es El salmón, porque El cantante todavía no lo escuché. Pero la verdad es que para mí el respeto de los demás músicos es lo mejor que puede existir en el mundo.
¿La vuelta a Buenos Aires era una incógnita?
Sí, me asustaba un poco entrar en el Ranchito Camboya, y al principio no me animaba a ir caminando ni hasta Las Heras, pero tenía nostalgia. Estaba... Bueno... Rabiosamente quería volver acá. Todo era una incógnita, y lo sigue siendo, porque la vida es así.
Hace un tiempo, un par de años, vos estabas acá componiendo canciones en un estado de gracia que venía desde el año 99, y de alguna manera eso cambió. Por eso te decía lo del ADN: no estás componiendo, sos otra persona, es todo muy raro en ese sentido...
Es verdad, pero me parece que me puedo ir de una punta a la otra del rock and roll. La verdad que sí, saco las energías de una cosa y las pongo en otra, las que queden... También me gustaría estar escribiendo y con el agua hirviendo como antes, no creas que no. Pero para mí lo del regreso es como en Troilo: "Si yo nunca me fui, siempre estoy volviendo". Yo siempre me sentí músico, por supuesto, y estaba entregado a la realidad de los textos y de la música y de las grabaciones. A la vez no quiero regresar de ninguna parte. Regresar a los diarios que dicen cómo estoy vestido y las dos cosas que dije no me interesa en lo más mínimo. Realmente no. Además, no duran mucho los regresos y me parece que antes de regresar hacía muchísimas canciones, muchísima poesía, muchas ideas atrevidas y vanguardistas y eso me gustaba. Me tienta bastante la idea de seguir sin tocar ni grabar, no tengo decidido que vaya a seguir tocando, ni grabando canciones, ni siquiera escribiendo.
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Casi un mes antes de esta entrevista, Andrés Calamaro confesaba cosas como: "Me considero un ex-músico". Lo decía cebando mates sin parar, vestido de jogging, sentado en el asiento trasero de un coche manejado por un fotógrafo de La Mano, dirigiéndonos todos a Villa Gesell, él para tocar con Bersuit, nosotros para hacer la nota de tapa del número pasado. Después de insistir con su letanía del retiro, sin embargo, Andrés sonreía y confesaba, medio en broma y seguramente medio en serio: "Lo que me gustaría es dejar de tener que estar en medio del escenario, dejar de ser solista. Me encantaría, por ejemplo, que el Indio Solari me llame para tocar teclados con él"
A la hora de preparar el segundo termo de esta entrevista, dedicada a la música, propia y ajena, y a los músicos, otros nombres aparecen en escena. "Una de las primeras cosas que leí cuando vine fue un reportaje a Cacho Castaña, que recorté y tengo guardado en la billetera. Le quiero mandar un saludo. Soy argentino, tengo cuarenta y tres años, y me gustaría sentarme a tomar un café con Cacho Castaña alguna vez. En ese recorte dice: "Los hombres no somos Gardel, somos Peter Pan". Y pasó a ser mi frase de cabecera. Es verdad, pensé, no somos Gardel, exceptuando a otros que sí son Gardel y también son Peter Pan. Al poco tiempo leo en Clarín la siguiente noticia "Peter Pan cumplió cien años". Así que nos quedan todavía muchos años de juventud por delante".
Aunque asegure que en su repertorio no tiene ni una sola canción como Sólo se trata de vivir o Yo no permito, de Litto Nebbia, e insista con eso de que sus canciones han sido sobrevaloradas y que lo acepta de buen grado, Calamaro se llena de orgullo cuando se le comenta que Honestidad Brutal fue puesto por la revista Rock de Luxe en el número veintiuno entre los cien mejores discos españoles del siglo veinte, antes de Paco de Lucía y después de Gabinete Caligari. "Qué maravilla", se entusiasma. "¿A quién hay que chupársela?". El elogio de sus colegas allá en España no deja de hacerlo sentirse honrado, y señala que Manolo García por ejemplo le dedicó su último disco y que ni siquiera lo conoce en persona. Pero el tema de los colegas rápidamente nos lleva de regreso a Solari. "No quiero decirlo porque no le va a gustar leerlo, pero para mí, íntimamente, el mayor reconocimiento es el del Indio. Le beso la mano desde acá, lo mismo que a Pappo o a Litto Nebbia, porque los considero referencias absolutas, igual que otros colegas. Pero lo del Indio me llegó al corazón... si es que lo tengo".

TERMO DOS: QUÉ TIEMPOS AQUELLOS... Y ESTOS TAMBIÉN
Ya que estamos hablando de música, no puedo reprimir esta pregunta gratuita: ¿Es Mil horas el Waiting for the man del rock nacional?
Tiene una estructura de letra más bolerística, en realidad. De romántico bailable. Creo que ahora sería mucho más fácil hacer una canción mejor que Mil horas, que no es mi canción favorita tampoco. Pero lo que sí tenía eran muchas filtraciones del palo y de la época. La piedra era algo que era y no era, las Malvinas eran y no eran, la estrella roja es y no es la revolución, la cocaína, los ácidos, es todo. El cohete en el pantalón es la chala y la pija... ¡La argentinidad al palo! Además, antes tenía una intro con más letra pero me la olvidé en el camino. Mil horas no le gustaba a nadie, no sé por qué insistí en grabarla...
¿A nadie del grupo?
No sé quien la vio clara con Mil horas, si Cachorro López o Pelo Aprile... Pero recuerdo que cuando empecé con los chicos, estábamos escribiendo con Gringui y usábamos bastante la ironía porrera para escribir. Yo había conocido a Makaroff que siempre escribió y escribe muy bien... Sinceramente creo que la dignidad de una letra tiene que ser una cosa natural. También me gusta la música en inglés, me gusta escuchar música sin entender la letra, pero en castellano no queda más remedio que entenderlas. Y es una mayor responsabilidad, porque la tradición de letras está en todo caso en el tango. Nosotros pasamos toda la vida escuchando música sin entender las letras y sigue siendo uno de los inventos argentinos más típicos, casi como el dulce de leche. Acá un grupo puede juntar como cincuenta mil personas poniendo letras que no entienden. Y yo puedo ser uno de esos cincuenta mil.
¿Qué te acordás de aquella primera época?
No practico mucho eso de recordar viejos discos. Creo que esos discos eran una excusa para tomar vino, darnos vuelta un poco, equivocarnos. Hace tanto tiempo que no los escucho que es como si nunca los hubiera hecho. Seguimos siendo amigos con Gringui y con Mario, pero preferiría seguir grabando esos discos, estar todavía mezclándolos. Paco de Lucía dice que uno tendría que grabar los discos toda la vida y que se publiquen después. Uno tendría que estar siempre terminando los discos. Yo esos discos viejos quisiera estar todavía grabándolos para hacerlos mejor, seguir chequeando la mezcla, poner una toma buena.
Sin embargo, esa pretensión de seguir grabando los discos durante toda la vida me da la sensación de que no alcanza a El salmón, que es un proyecto que queda afuera de eso...
Claro, El salmón es la venganza total, no va contra la corriente, busca su propia corriente. El salmón tenía mucho los pies sobre la tierra y miraba mucho hacia el futuro, a lo que iba a crecer la industria, la tecnología, la edición y lo que iba a pasar con los discos. Una interpretación absolutamente correcta de lo que estaba pasando con el negocio y con la edición.
El salmón es su propio Napster.
Tal vez fue el último gran negocio de la industria discográfica... Después de todo, durante diez años los discos tuvieron un sobreprecio mayor que la droga, fue un negocio que dejaba más rédito que el narcotráfico, ¿no? Así que no hay que quejarse. Además, fijate que El salmón había que hacerlo urgente antes del iPod. Porque para el iPod el salmón sería como una arveja y podría costar quince pesos.
El salmón perdido en el iPod...
El salmón es como ser presidente de Estados Unidos, en un momento deja ese cargo y empieza a dar conferencias... ¡Y te siguen llamando presidente!
¡Es verdad! En el resto del mundo no, pero ahí te siguen llamando presidente.
Yo estoy esperando que alguien me diga alguna vez lo bien grabado y lo bien mezclado que está El Salmón. Pero se perdió mucho la costumbre de analizar las grabaciones, la música y las intenciones en una grabación. Ya no se vive dentro de los discos como antes. Yo realmente veo que, fuera de lo que es la intimidad del concierto y el público o ese lazo que hay entre la gente que escucha nuestros discos, fuera de eso, las crónicas son muy frívolas. Yo voy a cantar y al día siguiente tengo que leer qué ropa tengo puesta y las cosas que dije... En La Nación incluso dicen que yo estaba emocionado, y eso no se atrevería a decirlo ni mi psiquiatra. Jamás me emociono en un escenario. La última vez fue el regreso de Ciro Fogliatta a Rosario. Ahí me emocioné de verdad.
¿Y con Dylan te emocionaste?
Imposible con Dylan. Pero lo que digo es que suponer eso es como pretender preguntarle al Sargento Cabral si estaba emocionado en la batalla de San Lorenzo...
Si lo de soldado heroico lo emociona...
Es un héroe, no estaba emocionado. Simplemente estaba disfrutando la eternidad del momento, que solamente los toreros, los junkies y los terroristas conocen.
¿Por qué decis que a El Cantante todavía no lo escuchaste?
Porque los discos necesitan un tiempo...
¿Cómo fue lo de El Cantante?
Estaba muy despistado, estaba trabajando y no llegaba a ninguna parte. Lo estaba intentando con grabaciones viejas, haciendo música para la película El delantal de Lilí, tratando de decidir qué hacer con esas canciones y grabaciones que teníamos. Y en un momento lo llamé a Javi Limón para meterlo un poco en esa dinámica. Tenía listas un par de grabaciones por si quería laburarlas, una que se llama Para torero, "iba para torero como buen andaluz sangre y albero, vivir con honor"... y otra más que le gustaba. Y ahí se nos ocurrió juntarnos con los chicos y grabar principalmente Gardel y boleros. A mí es un repertorio que me gusta mucho, y lo grabamos. Y los discos nunca se escuchan inmediatamente. La última vez lo escuchamos masterizado, y nos encantó
Es gracioso como los nombres de tus discos se transforman en seudónimos, eras El Salmón, ahora El Cantante. ¿Quién eligió el nombre del disco?
Yo quería llamarlo Canciones favoritas de este perro y poner una linda foto de un lindo perro en la tapa.
Como en Grabaciones encontradas...
Sí, pero una foto más encantadora aún. Como si fuera el repertorio favorito de un tipo cualquiera. Yo tengo un gran amigo en España que se llama Alberto, es erudito en algunas áreas de la música, somos buenos amigos y con él siempre aprendo mucho de blues y de salsa y de flamenco también. Con Alberto hablamos mucho de Héctor Lavoe y un día vino por casa con un video de una de las últimas actuaciones de Héctor, que ya se había intentado suicidar y medio que hablaba y se despedía. Entonces me puse a buscar repertorio y quería hacer Los Argonautas, de Caetano Veloso, varias cosas que no terminamos, como Qué será. Ahí me compré el disco de El cantante, que es de Blades, que estaba también en el repertorio de Vicentico. Algo contigo era una de nuestras favoritas... con Los abuelos de la nada, yo siempre la hubiera cantado. No sabía que Gaby la había grabado; la hubiera sacado del disco, por supuesto.
Un antecesor lejano de El cantante sería aquella versión de Pablo Milanés que grabaste con Luca, ¿no?
No tanto. La verdad que la música melódica nos pegó a todos aunque no querramos reconocerlo. Fijate que nosotros nunca nos dimos cuenta de que existe el caribe pero Pedro Navaja nos abrió los ojos y es un disco que tiene treinta años, ¿no? Aparte yo siempre pienso que si nosotros fuésemos cordobeses, seríamos cuarteteros sin excepción. Periodistas, diseñadores gráficos, músicos electrónicos. Así como si fuésemos caribeños seríamos todos salseros. No existiría decir, no sé, "a mí me gusta..."
"No, yo escucho New Order"
No existiría eso. Así que lo único que pido es que los chicos del rock intentemos no ser los últimos. Por lo menos si presumimos de libertad y de vanguardia popular. Muchos se dieron cuenta, como Vicentico y la Bersuit...
Los pioneros en eso son los Decadentes...
Los Decadentes son una cosa muy seria. Llevan una punta de años, consiguen que la gente crea que es una broma algo que es muy serio. Yo sinceramente creo que si a alguien realmente no le gusta la cumbia, el cuarteto, el folklore, es que está nervioso, es stress. No es gusto musical exquisito... ¡Es que hace mucho tiempo que no escucha un disco entero!
Es raro escucharte hablando de música, de estilos y hasta de los músicos nuevos que viste por ahí... Parece que estás bastante al día con lo que suena por ahí...
Para nada, no estoy escuchando mucha música. El único disco que escuché el año pasado fue el de The Darkness, y después escuché uno que me vino en un diario, Los rubios se divierten más, de Rod Stewart. La verdad es que sufro un poco cuando escucho música.
¿Por qué?
Porque un torero no puede ver correr el toro por televisión. O va a la plaza a verlo o se queda en el campo con los animales, con los perros, con las vacas.
El año pasado, cuando le pregunté a Ariel Rot como estabas, me dijo: "Andrés está bien, tiene un campo, un huerto y un burro y no quiere recibir ninguna otra vibra que no sea la del campo, la del huerto y la del burro".
Es verdad, Ariel la tiene clara y siempre que dice cosas las dice con elegancia y como un caballero. Lo dijo bien.
¿Cómo saliste de ese campo, el huerto y el burro para terminar acá?
Quería venir, me cansé un poco de no hacer nada y me vine a no hacer nada acá. Cuando Diego jugaba en Barcelona, Sergio Makaroff escribía en una de esas revistas y le fue a hacer un reportaje. Y le preguntó qué extrañaba de la Argentina y él dijo: "Los amigos, la comida... todo"
¿Vos hubieras respondido lo mismo?
Yo creo que eso lo podría haber dicho cualquiera, ¿no? Quiero decir, acá tocamos un nervio muy sensible que es Maradona. Si Diego sigue dando vueltas por el mundo sin llegar a ningún puerto, todos estamos así. No vamos a llegar a ningún puerto mientras él no llegue.
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Los preparativos para la llegada del Termo Tres tienen lugar junto a la hornalla misma, y a la pava, claro, que esta es una casa del Barrio Norte de la Capital. Tres grandotes parados en una cocina chiquita hablando de los Grammy, qué espectáculo curioso.
Andrés está particularmente entusiasmado con el rap y el r&b, y comenta con un nivel de detalle que ni Landriscina las actuaciones en vivo del domingo a la noche, revelándose muy fan de Usher y de Kanye West. "El r&b y el rap están en un momento muy alto. Ningún blanco ni ningún latino puede cantar ni bailar así hoy en día. ¡Se vienen unas cosas!", se entusiasma. Un vivo lleva a otro y a otro y a otro más, y en ese punto le decimos que Babasónicos todo más que bien, pero que también es importante estar ya en posición, frente al piano y a cara de perro, cuando se prenden las luces, y quedar ahí, atornillado, sin correr decatlones ni cosas por el estilo. Su primer impulso es defender a Babasónicos, tomar el comentario por un ataque -que no lo era, en absoluto; más bien se trataba de un elogio de la lentitud y, si se quiere, la manifestación verbal de un estado de fiaca profunda- y soltar: "Ellos son mis amigos y yo los admiro y los envidio: en mi próxima reencarnación quiero aparecer con los Babasónicos y los Decadentes".
Bueno, bueno, yo lo que quería era defender un poco el rock a cara de perro...
El rock a cara de perro lo vamos a defender siempre, porque es lo que heredamos del teatro. En el teatro la gente no mira las pantallas porque eso es lo que hace cuando mira televisión o cuando va cine. Mirar un concierto de los Rolling Stones es como cine, y unas pantallas en Villa Gesell son como la tele. A mi me gusta el cine. Pero también me gusta el rock conservador, el teatro, me gusta que haya estos momentos un poco religiosos donde no se está saltando y gritando todo el tiempo. Ahí es cuando nos peleamos con el Pelado Cordera, porque él no puede entender algo así. Realmente creo que la diferencia es que Bersuit y Babasónicos son grupos, como lo fueron los Cadillacs. Básicamente son grupos y lo que hacen lo envidio. Pero no lo puedo hacer, y no lo lamento tampoco. Me parece que no quedaría bien, realmente es así. No creo haber nacido para estar en los escenarios.
De regreso al sillonazo ese que tiene en el living, mientras se va haciendo de noche -¡y uno logra darse cuenta de que eso está sucediendo!- y un programa de Fox Sports pone goles de Riquelme para la inmensa alegría de El Cantante, se impone rebobinar la historia hasta la noche del 19 de noviembre del 94, hasta aquel concierto-celebración del 112 aniversario de La Plata, velada de verdad óptima, según se puede recordar, para fumar cualquier cosa. Así como en el mundo Calamaro pre-Cosquín la única certeza era que iba a tocar con Bersuit como banda en el Siempre Rock porque había un contrato firmado, hoy por hoy la única certeza es que, once años después de haber dicho "me estoy sintiendo tan a gusto que me fumaría un porrito", el 18 de abril próximo Calamaro irá a juicio oral acusado de violar el artículo 12 de la Ley de Estupefacientes, que prevé de dos a seis años de prisión para "quien preconizare o difundiere públicamente el uso de drogas o indujere a otros a consumir".
Muy lindo todo, eh. Se lo acusa de preconizar, y el María Moliner del uso del castellano dice que esa palabra, preconizar, significa "aconsejar o recomendar cierta cosa de interés general", mientras que para la Real Academia Española se trata de 1. Encomiar, tributar elogios públicamente a alguien o algo; 2. Proponer, recomendar o apoyar un procedimiento, una medida, etc., por considerarlo bueno o adecuado para un determinado fin, con lo que, de alguna manera, bien acusado ha de estar este Cantante. ¿Qué hizo? Recomendó cierta cosa de interés general, considerándola buena o adecuada para determinado fin.
TERMO TRES: HAY HUMO EN TODOS LOS OJOS
¿De qué sos culpable?
Por culpa mía todos aprendimos una palabra nueva que es "preconizar".
¿Está en la lectura del fallo?
Para mí, estar acusado y que el delito haya sido hablar sobre drogas es un chiste, es una broma, todos tenemos más delitos y peores debajo de la alfombra. Todos. Yo me pongo primero en la lista, quiero decir. Nunca pensé que en medio de todo el desparramo me iban a acusar justamente de esto, es como si me hicieran un favor, es para sacar pecho y cagarse de risa. Parece que "preconizar" es de dos a seis años; yo entonces ya tendría que llevar doscientos años. Por otro lado, no tengo ningún miedo de ir a la cárcel y, si me provocan, hasta te diría que no tengo ningún problema en ir. Quiero decir, tal vez me van a cuidar más adentro que afuera. Al final, el gobierno de la Provincia de Buenos Aires va a terminar haciéndome un favor que espero que no me salga muy caro. Pero quiero decir, si yo voy preso por eso, conozco un montón de gente que va a querer venir conmigo. Adentro se va a poner bueno y afuera aburrido.
El punto con el juicio es que, es verdad, no hay ni para empezar a discutir, realmente parece un chiste. Pero da un poco de tristeza si se toma como síntoma de algo.
Estamos en medio de una nebulosa legal profunda y hace muchos años que estamos discutiendo qué es la tenencia... Resulta que el consumo no es delito, sin embargo fumar sí. Pero no es un delito cualquiera, la tenencia es un delito penal. Aparte, desde que yo me acuerdo estamos sufriendo una paranoia y una represión que no tiene sentido, en los colegios, en los hogares. Inclusive la gente bien pensante nos mira, a los fumadores, como si fuéramos enfermos o degenerados. Intelectuales, médicos, psicoanalistas, están asustados. Hoy en día, realmente, la situación de los fumones en Argentina cambió bastante, hay más, se fuma más tranquilo y se fuma mejor. Yo realmente pienso que un joven que fuma es un santo, es un santo realmente.
Es verdad: es una persona que toma una de las mejores decisiones posibles para combatir sus problemas.
No sólo eso, no contamina el ambiente. Yo puedo entender si el delito por fumar marihuana fuera evadir impuestos, eso sí lo puedo entender. Quiero decir, ya sabemos... a mí no me convence la indignación con todo esto del porro pero lo agradezco, porque creo que la interpretación más rockera es esta o la de Pettinato, tomarlo como una broma y tomárselo con naturalidad. O sea, ¿cuántos porros fumamos ya? ¿Diez mil? ¿Diez millones? Yo creo que este asunto de La Plata está obligando a la opinión pública a decir algo sensato y a ponerse de parte del rock and roll. Además, viendo las últimas noticias creo que tengo suerte de no estar acusado de narcotráfico y si por los padres indignados de La Plata.
Por preconizar
Por preconizar. Porque realmente quiero decir que para ser un delincuente de categoría hay que tener mucha valentía, mucha valentía y arriesgarse la vida y saber hacer lo que uno tiene que hacer, y además de guapo hay que ser noble, convivir con la prisión, el hambre y el peligro todos los días de su vida. Pero procesado puede estar cualquiera, no hace falta ser ni noble, ni valiente ni nada, no hace falta ser muy especial para tener un lío. A los argentinos a todos nos gusta mucho el contrabando y cruzar semáforos en rojo, pagaríamos por eso... La herencia gallega, el contrabando y la melancolía.
Aún a riesgo de no articular la pregunta de la manera indicada, tuviste tu propia guerra contra las drogas, estuviste en un mundo químico y celebrás haber salido...
No sé si es para tanto, nunca fue para tanto. En mis peores momentos sólo fui un loco lindo... hecho pelota.
Pettinato mete el tema en su monólogo de la tele día por medio. El otro día decía algo así como: "Yo le digo NO a las drogas... ¡¡¡Probá pedirme!!!"
Es que, me parece, terminó la era de la boludez y empezó la era de Pettinato. Tenemos un líder de opinión que viene del Expreso imaginario, de Sumo, del rock and roll y de escuchar Roland Kirk... No viene del cable, ni de las revistas de la calle Corrientes...
Y vos te vas a convertir en un líder de opinión casi sin haber opinado.
El tema de La Plata ya dejó de ser una mala propaganda o algo que pueda distorsionarme la imagen. Realmente... porque yo dije eso en La Plata, pero veinte minutos después me podrían haber denunciado por muchas más cosas, o al día siguiente, o ayer. ¿No? Sin ir más lejos, quisiera hacerle una pregunta al grabador: ¿No estamos acaso fumando un porro ahora mismo?
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